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Giuseppe Martinengo: Cómo encontré la Iglesia Mormona
October 22, 2008 by Giuseppe Martinengo 2 Comments | Filed in Giuseppe Martinengo, Historias de conversión, Iglesia Mormona
A fines de 1984, yo tenía casi 20 años de edad. Para ese entonces me había retirado de la escolaridad ya que me había dado cuenta de que la física que se enseñaba en la Universidad no me ayudaría a encontrar lo que yo estaba buscando. La mayoría de mis amigos y familiares no podían entender exactamente lo que me estaba sucediendo y algunos de ellos trataron de ayudarme de diferentes formas pero sin ningún resultado concreto. El problema era que sabía lo que no quería, pero no estaba seguro de lo que quería.
Nadie en mi entorno parecía tener las respuestas que estaba buscando. Sin embargo, tenía el sentimiento de que estaba en el camino correcto. Tenía fe de que al seguir los mejores principios que había aprendido y al tratar de mejorar mi vida eliminando aquello que no estaba en armonía con mis ideales, finalmente hallaría las respuestas.
Cierto día cerca a fines del año 1984, estaba yo en mi casa, leyendo un libro, cuando sentí la necesidad repentina de ir a caminar al centro de Asti, mi ciudad natal, en Italia.
Mientras estaba caminando en Corso Dante (una de las principales calles de la ciudad) vi a dos jóvenes, dos misioneros, caminando hacia mí. Uno de ellos me dijo después que él realmente no quería hablar conmigo, pero los miré y ellos me miraron y nos detuvimos y empezamos a conversar. Recuerdo que ellos me preguntaron lo que creía acerca del Salvador. No puedo recordar lo que les contesté, pero ellos me dejaron con un folleto acerca de los mormones, y me pidieron la dirección de mi casa.
Pocos días después, los mismos misioneros tocaron a mi puerta. Mi madre salió a abrir y ya que ellos preguntaron por su esposo, ella dijo que él no estaba allí. Los misioneros luego salieron antes de que pudiera hablar con ellos. No estaba completamente listo aún.
Pasaron algunos días más y finalmente llegué al punto correcto. Recuerdo que estaba recostado en mi cama, cansado de mi aparentemente infructuosa búsqueda. Ofrecí una oración simple y silenciosa, en la cual decía básicamente: “He hecho todo lo que sabía que debía hacer…ahora realmente necesito ayuda ya que no sé qué es lo siguiente que debo hacer…”
Tan pronto como expresé mis pensamientos a Dios, empecé a sentir una paz increíble y sentí como si el cielo estaba muy cerca de mí. En ese preciso momento, sonó el timbre de la puerta. Esta vez yo estaba solo en casa. Fui a abrir la puerta y los misioneros estaban allí. Cuando ellos entraron a la sala y estrecharon mi mano, yo supe que ellos tenían todas las respuestas que estaba buscando.
Más tarde, me di cuenta de que lo que estaba buscando no era sólo un grupo de doctrinas o una iglesia agradable, sino sentir el Espíritu. Cuando ellos entraron en mi casa, sentí que traían consigo un agradable Espíritu, aun cuando en ese tiempo no sabía lo que era.
Comprendo ahora que el Señor me dio varias experiencias en las que sentí Su Espíritu. Aquellas experiencias fueron tan dulces que estaba siempre buscando ese sentimiento, aunque no podía darle un nombre.
Las enseñanzas de los misioneros se entrelazaban perfectamente con mi entendimiento. Estas enseñanzas estaban respondiendo a mis preguntas acerca de de dónde venimos, por qué estamos aquí y adónde iremos después de esta vida.
Como he escrito en algún otro lugar, cuando los misioneros me mostraron la filmina de la Primera Visión del Profeta José Smith, fue difícil para mí contener las lágrimas. Sentí que esa historia de su búsqueda por la verdad era en alguna forma similar a la mía. Mi búsqueda había durado más, mientras que la suya había sido probablemente más intensa. Es más, él había sido escogido para tener la gloriosa visión del Padre y el Hijo mientras que yo había tenido que contentarme con dos misioneros. Sin embargo, aquellos dos misioneros fueron como ángeles para mí, trayendo consigo las respuestas a las preguntas más profundas de mi corazón.
No obstante, a pesar de todos estos sentimientos, todavía no tenía un testimonio sólido. Fue la lectura del Libro de Mormón que me trajo la confirmación de la veracidad de todas aquellas enseñanzas y experiencias.
Al principio de nuestras charlas, los misioneros mencionaron la práctica de ayunar. Ellos no resaltaron mucho ese punto, pero por alguna razón empecé a leer el Libro de Mormón mientras ayunaba al mismo tiempo. Mi experiencia posterior al enseñar familias y personas con otros misioneros me mostró que no era fácil encontrar a alguien que acepte el desafío de ayunar mientras lee el Libro de Mormón. Sin embargo, aquellas experiencias también me convencieron de que cuando la gente lo hace, y son sinceros en su investigación, es casi imposible que no reciban una respuesta. Y, de hecho, eso sucedió conmigo.
En menos de una semana, leí el Libro de Mormón por completo. Ayunaba por 24 horas, luego almorzaba y luego ayunaba por otras 24 horas. Mi madre realmente pensó que estaba actuando de manera extraña. En algún punto de ese proceso, decidí arrodillarme y preguntar si aquellas cosas que estaba aprendiendo eran verdaderas. Lo hice, y después de mi oración, me rodeó un increíble sentimiento de paz, un sentimiento similar al que había tenía justo antes de que los misioneros llegaran a mi hogar, pero mucho más fuerte. Junto con aquellos sentimientos vinieron las respuestas a mis preguntas específicas acerca de la veracidad del Libro de Mormón, del Profeta José Smith y de la Iglesia. Recibí una confirmación por el Espíritu de Dios de que todo lo que los misioneros me estaban enseñando era verdadero. Desde ese momento, para parafrasear las palabras del Profeta José Smith: “Tenía un testimonio; lo sabía, y sabía que Dios lo sabía, y no podía negarlo, ni deseaba hacerlo”.
Sabía que la Iglesia y el Libro de Mormón eran verdaderos y estaba deseoso de aprender todo lo que fuera posible acerca de la Iglesia. Sin embargo, mi madre no estaba nada feliz con mi nuevo “descubrimiento” y, aunque los misioneros trataron de enseñarle, el día que ellos nos desafiaron a ser bautizados, quedó claro que ella no estaba interesada como yo lo estaba. Su oposición creó algunos problemas que causaron que finalmente dejara mi hogar.
Sin embargo, había encontrado finalmente lo que había estado buscando por muchos años y esto era lo que realmente importaba. Han pasado más de 20 años desde ese día y he tenido muchas experiencias que reforzaron ese testimonio inicial.
Por lo tanto, ¿por qué creo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? Simplemente porque sé que es verdadera. El Espíritu del Señor me lo testificó una y otra vez después de esta primera experiencia. No creo lo que creo porque la Iglesia sea una organización maravillosa, no creo porque tengo amigos, no creo porque la doctrina es clara, entendible y contundente, no creo porque alguien me dijo que crea, sino que creo porque, en efecto, yo sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera.
Después de todo lo que podamos decir y hacer, cada persona tendrá que investigar y preguntar honestamente y recibir una respuesta directamente de Dios acerca de la veracidad del Libro de Mormón, del Profeta José Smith y de la Iglesia. Investigué, pedí y recibí mi respuesta, y por lo tanto puedo decir honestamente que yo sé que estas cosas son verdaderas.
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yo cuando conosi la iglesia me senti tan bien senti un gran cambio en mi vida y me siento muy feliz mi bautizo fue algo tan especial poreso yo puedo testificar que la igelsia es verdaddera y amo todo lo que alli se nos ensena saven ayer 27 de enero cumplimos mi hija y yo 6 anos de avernos bautisado soy tan feliz siento en mi corazon una gran alegria y queria compartirlo con alguien les a toodos los miembros que dios les bendiga
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mi comentario es si realmente la iglesia verdadera
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