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Antes de que conociera a los misioneros de la Iglesia Mormona (video)
Enero 5, 2009 | Leave a Comment
No nací ni me crié en Utah, entre los mormones, sino que crecí como Católico en Italia. Cuando tenía 10 años, mi padre murió, a la edad de 47 años, debido a un cáncer del pulmón (solía fumar). Su muerte cambió todo en mi vida. Yo era entonces el único hijo de una joven madre viuda (de 33 años de edad). A pesar de todos los esfuerzos hechos por mi madre para ayudarme a enfrentar la situación, muy pronto me di cuenta de que algo había cambiado no sólo en mi vida normal exterior, sino también dentro de mí. Ya no era como muchos otros niños que podían seguir siéndolo sin muchos problemas y especialmente sin muchas preguntas acerca de la vida o una súbita tristeza….
Dic
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Giuseppe Martinengo: la Iglesia mormona y mia conversion
Diciembre 6, 2008 | Leave a Comment
Por lo tanto, ¿por qué creo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? Simplemente porque sé que es verdadera. El Espíritu del Señor me lo testificó una y otra vez después de esta primera experiencia. No creo lo que creo porque la Iglesia sea una organización maravillosa, no creo porque tengo amigos, no creo porque la doctrina es clara, entendible y contundente, no creo porque alguien me dijo que crea, sino que creo porque, en efecto, yo sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera.
Después de todo lo que podamos decir y hacer, cada persona tendrá que investigar y preguntar honestamente y recibir una respuesta directamente de Dios acerca de la veracidad del Libro de Mormón, del Profeta José Smith y de la Iglesia. Investigué, pedí y recibí mi respuesta, y por lo tanto puedo decir honestamente que yo sé que estas cosas son verdaderas.
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Giuseppe Martinengo: antes de que conociera a los misioneros de la Iglesia Mormona
Octubre 23, 2008 | Leave a Comment
No nací ni me crié en Utah, entre los mormones, sino que crecí como Católico en Italia. Cuando tenía 10 años, mi padre murió, a la edad de 47 años, debido a un cáncer del pulmón (solía fumar). Su muerte cambió todo en mi vida. Yo era entonces el único hijo de una joven madre viuda (de 33 años de edad). A pesar de todos los esfuerzos hechos por mi madre para ayudarme a enfrentar la situación, muy pronto me di cuenta de que algo había cambiado no sólo en mi vida normal exterior, sino también dentro de mí. Ya no era como muchos otros niños que podían seguir siéndolo sin muchos problemas y especialmente sin muchas preguntas acerca de la vida o una súbita tristeza.
Debido a la muerte de mi padre, noté que algunas personas empezaron a tratarme de modo diferente y, con el tiempo, tuve que enfrentar preguntas difíciles acerca del propósito de nuestra existencia aquí en la tierra. No me di cuenta de cuán importante era lo que estaba pasando dentro de mí hasta que tuve 13 o 14 años. Sin embargo, para la edad de 14 años, estaba empezando a sentirme bastante insatisfecho con el mundo alrededor mío y con las respuestas que mis maestros, familia o ministros religiosos me daban en cuanto a las importantes interrogantes de la vida. Estaba empezando a darme cuenta de que tal vez faltaba algo en la visión y las creencias del mundo de la mayoría de las personas que me rodeaban, pero no estaba seguro qué.
Es importante resaltar que la presencia de la Iglesia Católica era tan fuerte en mi entorno que todavía puedo recordar una vez, cuando tenía 9 o 10 años, en la cual durante una clase en el colegio acerca de personas con otras creencias, me hice esta pregunta: “¿Cómo pueden las personas no ser Católicas? ¿Saben ellos que todos irán a una vida para siempre en… (un lugar muy malo)? ¿Por qué ellos no cambian de religión y se vuelven todos católicos?” Tal era el poder de tradición en el ambiente que me rodeaba.
La muerte de mi padre, sin embargo, empezó a cambiar mi situación. El Señor algunas veces trabaja en formas misteriosas para llevar a cabo Sus propósitos. De hecho, después de la muerte de mi padre, mi madre redujo su actividad con la Iglesia Católica. Ella aún era Católica, pero, tal vez porque no encontraba la ayuda que ella estaba buscando en esa organización para sobrellevar su pérdida, ella empezó a buscarla en otro lugar.
Ella empezó a leer libros acerca de religiones orientales y filosofías tales como yoga, Zen y Budismo; en particular, ella empezó a leer acerca del yoga y a practicarlo. Su exploración me abrió un mundo nuevo. Súbitamente, estaba aprendiendo acerca de otras religiones y filosofías y estaba descubriendo que había muchas buenas cosas que aprender. Empecé a darme cuenta de que tal vez la Iglesia Católica no tenía las mejores respuestas a las interrogantes de la vida. Además, y especialmente, empecé a estar familiarizado con los conceptos de progreso espiritual y la idea de auto-mejoramiento espiritual. No es que estos conceptos estén completamente ausentes de la tradición católica, pero en la vida diaria de un católico sí están casi ausentes, ya que ellos ponen énfasis normalmente sólo en aquellos que abandonan la vida “normal” y se vuelven “sacerdotes o monjas a tiempo completo y por siempre solteros”. Mi “héroe” católico favorito era San Francisco de Asís, pero no me gustaba la idea de que un hombre o una mujer religiosos renunciara al matrimonio para buscar una vida religiosa como si fuera lo mejor que pudieran hacer.
Tuve un buen amigo, Stefano, que era miembro de un pequeño grupo protestante. Siempre me había fascinado el hecho de que este y otros grupos protestantes rechazaran el principio del celibato en su iglesia. Cuando las personas como yo están inmersas en una fuerte cultura católica, aun estos pequeños ejemplos o ideas pueden causar una gran influencia con el tiempo y nos da el coraje de buscar algo diferente a pesar de la fuerte presión de la tradición.
Cuando tenía 15, tuve otra experiencia clave. El escenario era un viaje a Roma. El propósito de este viaje era llevar a la juventud católica de toda Europa para conocer al Papa. En ese tiempo yo estaba participando con la juventud católica de mi parroquia, aunque ya estaba empezando a cuestionar algunas de nuestras creencias. Durante ese viaje, pasó algo especial.
El día señalado, miles de jóvenes estábamos listos para conocer al Papa en la Basílica de San Pedro. Habíamos estado preparándonos por meses para esta reunión especial. La juventud de toda Europa había viajado para llegar allí. Obviamente, el Papa no estaba presente cuando llegamos así que nos sentamos en el piso de la iglesia y empezamos a cantar. Realmente yo no canté, sino que escuché por lo menos por una hora esas letras gregorianas, pero empecé a sentirme mal. Tenían grandes expectativas acerca de esa reunión especial con el Papa, pero después de un rato empecé a pensar: “¿Qué estoy haciendo aquí?”; “¿Por qué estoy aquí después de todo? ¿Sólo porque otros me dijeron que sería especial?” Yo titubeé por un rato, pero luego decidí levantarme y salir. Tuve un sentimiento de alivio cuando dejé esa extraña atmósfera en la Basílica de San Pedro. Tenía un tío en Roma y decidí visitarlo y pasar algún tiempo con su familia en lugar de conocer al Papa: no era gran cosa de todos modos, pensé.
De regreso a mi ciudad en el norte de Italia, mientras aún estaba en el tren, tuve la oportunidad de decir lo que había hecho a nuestro guía, un sacerdote muy sociable y amigable. Le dije acerca de mis sentimientos, mis dudas y el hecho de que había salido de la reunión. Empecé a hacerle preguntas acerca de las creencias católicas. Después de escuchar y discutir conmigo por algún tiempo, finalmente él dijo: “Si tú crees estas cosas, entonces no eres un católico”. Esa fue realmente una fuerte y desafiante declaración, un llamado de regreso a la ortodoxia. Estaba un poco perplejo, pero repliqué: “Entonces, probablemente ¡no soy un católico!”.
Supongo que el Espíritu del Señor estaba presente ese día para apoyarme y abrir mi mente, porque me sentí aliviado cuando dije lo que verdaderamente estaba pensando, y no sentí temor de la reacción del sacerdote. Después de ese episodio, mi búsqueda de respuestas se dirigía principalmente fuera de la Iglesia Católica, ya que aun ese sacerdote de mentalidad abierta no había podido ayudarme a comprender. Cuando se vio confrontado con preguntas difíciles, no pudo encontrar nada mejor que sugerir que confiara en una fe ciega o ¡me considerara un hereje!
Pasaron muchos años después de ese episodio y continué reuniéndome con mis amigos católicos, pero ahora estaba más ocupado en leer libros acerca de otras religiones. Los libros eran mi principal fuente de información acerca de la religión. Un autor que realmente tuvo una fuerte influencia en mí por un período, por ejemplo, fue Sri Aurobindo. No puedo recordar los detalles de lo que leí en ese tiempo, pero Sri Aurobindo, en sus libros, sugería que la humanidad puede evolucionar espiritualmente más allá de sus limitaciones actuales y alcanzar un estado futuro de existencia “supramental”. Este sería como un paso “evolucionario” de la humanidad que debía conducir a una vida divina sobre la Tierra. (Esto me hace pensar en el Milenio ahora, aunque de acuerdo con la Biblia esta “vida casi divina” no será el producto de la “evolución”; pero en ese tiempo era un concepto interesante que me dio algo de esperanza y significado para el futuro).
Basado en mi conocimiento y testimonio actuales de la enseñanza de la Iglesia Mormona, no puedo evitar pensar al leer sus escritos que estaba avanzando un paso dirigiéndome hacia el entendimiento de conceptos mormones claves, algunos de los cuales no son claros ni aun aceptados por muchos cristianos tradicionales. Creo que el Espíritu del Señor enseña a las personas de acuerdo a su lenguaje y entendimiento y hace avanzar a los verdaderos buscadores, un paso a la vez, hasta que estén listos para la plenitud del Evangelio.
Mi búsqueda por la verdad continuó intensificándose hasta que llegó a su clímax cuando tenía 19 años. Un día, estaba en Torino, donde se suponía que estaba avanzando con mis estudios de física. Había escogido estudiar física no porque quería convertirme en un nuevo Einstein, sino a causa de libros tales como El Tao de la Física por Fritjof Capra, libros que discuten los paralelos entre la física moderna y el misticismo oriental. Es probablemente innecesario decir que debido a que mi interés por la física no era más que otro peldaño en mi búsqueda de la verdad, estaba muy decepcionado con mi programa de estudios en la Universidad de Torino. Por lo tanto, como en muchas otras ocasiones, ese día en particular yo no estaba estudiando física sino que estaba leyendo un libro acerca de la historia de la filosofía India.
En cierto momento, ese día, decidí ir a caminar para relajarme y pensar acerca de la vida. Mientras estaba caminando en el centro alguien me detuvo y me preguntó si deseaba pasar por un test psicológico. No lo mencioné antes, pero también estaba interesado en psicoanálisis y psicología, y especialmente me gustaban libros como el Arte de Amar o ¿Tener o Ser? de Eric Fromm y similares. Por ello, tenía curiosidad acerca de este test.
Ese test fue el principio de mi último paso en mi búsqueda de la verdad. Después de eso, perdí mi temor de desconectarme de la tradición católica, y fui casi incomprensible para mi familia y amigos católicos. Puedo decir ahora que estaba listo para conocer a los misioneros mormones, y especialmente, para comprender y aceptar su mensaje, menos que un año más tarde, debido a todas aquellas experiencias.
Pero ¿quién estaba detrás de este test psicológico? La gente de Dianética y Cientología. Su enfoque en el mejoramiento personal y su mezcla de conocimiento científico, religioso y psicológico me atrajeron por un corto período, aunque nunca participé realmente con ellos, porque después del interés inicial, me di cuenta de que no tenían las respuestas que estaba buscando. Sin embargo, aun esta negativa experiencia tuvo un resultado positivo importante. La Cientología cortó completamente mis últimas conexiones psicológicas (y algunas doctrinales) con la Iglesia Católica. Me liberé aún más del peso de la tradición y me hice más fuerte en la creencia de que había algo fuera, en algún lugar, en alguna organización, o en algún libro, que podría ayudarme a encontrar respuesta a mis interrogantes sobre el propósito de la vida.
Puede parecer de poca importancia a alguien, pero tener el coraje de ser poco ortodoxo para desafiar al menos en su propia mente la tradición es un paso importante antes de que podamos estar listos a recibir un testimonio y aceptar el evangelio restaurado. Esto fue especialmente cierto para mí ya que no acepté ser bautizado en la Iglesia Mormona por razones sociales o como resultado de un interés temporal, sino sólo porque fui tocada por el Espíritu, después de contemplar la simple pero poderosa arquitectura y lógica de la doctrina mormona. El concepto de obtener un testimonio de la verdad por el Espíritu de Dios implica que confiar en la tradición de creer no es suficiente, aun cuando la tradición sea verdadera.
Puedo testificar con toda mi convicción que la escritura que dice: “buscad y hallaréis; tocad, y se os abrirá” (Lucas 11:9) es verdadera, porque el Señor me guió de la mano a través de muchas diferentes experiencias hasta que encontré lo que realmente estaba buscando, la verdadera Iglesia de Jesucristo establecida una vez más sobre la Tierra.
La Edad Oscura de mi vida se disipó cuando finalmente conocí a los misioneros sólo puedo estar agradecido porque nací en una época cuando la verdadera Iglesia está presente sobre la Tierra. No puedo imaginar las penurias impuestas sobre aquellas personas que trataron de encontrar la Iglesia cuando ésta no estaba sobre la Tierra.
Necesito reconocer que le debo a la Iglesia Católica mi primer entendimiento limitado de Cristo y la creencia en Él, creencia que nunca me abandonó aun cuando me estaba enfocando en otras religiones. Sin embargo, les debo a estas otras religiones y filosofías un mejor entendimiento de muchos principios verdaderos y una mente más abierta que me ayudó a no tener miedo cuando finalmente encontré la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Oct
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Giuseppe Martinengo: Cómo encontré la Iglesia Mormona
Octubre 22, 2008 | 2 Comments
A fines de 1984, yo tenía casi 20 años de edad. Para ese entonces me había retirado de la escolaridad ya que me había dado cuenta de que la física que se enseñaba en la Universidad no me ayudaría a encontrar lo que yo estaba buscando. La mayoría de mis amigos y familiares no podían entender exactamente lo que me estaba sucediendo y algunos de ellos trataron de ayudarme de diferentes formas pero sin ningún resultado concreto. El problema era que sabía lo que no quería, pero no estaba seguro de lo que quería.
Nadie en mi entorno parecía tener las respuestas que estaba buscando. Sin embargo, tenía el sentimiento de que estaba en el camino correcto. Tenía fe de que al seguir los mejores principios que había aprendido y al tratar de mejorar mi vida eliminando aquello que no estaba en armonía con mis ideales, finalmente hallaría las respuestas.
Cierto día cerca a fines del año 1984, estaba yo en mi casa, leyendo un libro, cuando sentí la necesidad repentina de ir a caminar al centro de Asti, mi ciudad natal, en Italia.
Mientras estaba caminando en Corso Dante (una de las principales calles de la ciudad) vi a dos jóvenes, dos misioneros, caminando hacia mí. Uno de ellos me dijo después que él realmente no quería hablar conmigo, pero los miré y ellos me miraron y nos detuvimos y empezamos a conversar. Recuerdo que ellos me preguntaron lo que creía acerca del Salvador. No puedo recordar lo que les contesté, pero ellos me dejaron con un folleto acerca de los mormones, y me pidieron la dirección de mi casa.
Pocos días después, los mismos misioneros tocaron a mi puerta. Mi madre salió a abrir y ya que ellos preguntaron por su esposo, ella dijo que él no estaba allí. Los misioneros luego salieron antes de que pudiera hablar con ellos. No estaba completamente listo aún.
Pasaron algunos días más y finalmente llegué al punto correcto. Recuerdo que estaba recostado en mi cama, cansado de mi aparentemente infructuosa búsqueda. Ofrecí una oración simple y silenciosa, en la cual decía básicamente: “He hecho todo lo que sabía que debía hacer…ahora realmente necesito ayuda ya que no sé qué es lo siguiente que debo hacer…”
Tan pronto como expresé mis pensamientos a Dios, empecé a sentir una paz increíble y sentí como si el cielo estaba muy cerca de mí. En ese preciso momento, sonó el timbre de la puerta. Esta vez yo estaba solo en casa. Fui a abrir la puerta y los misioneros estaban allí. Cuando ellos entraron a la sala y estrecharon mi mano, yo supe que ellos tenían todas las respuestas que estaba buscando.
Más tarde, me di cuenta de que lo que estaba buscando no era sólo un grupo de doctrinas o una iglesia agradable, sino sentir el Espíritu. Cuando ellos entraron en mi casa, sentí que traían consigo un agradable Espíritu, aun cuando en ese tiempo no sabía lo que era.
Comprendo ahora que el Señor me dio varias experiencias en las que sentí Su Espíritu. Aquellas experiencias fueron tan dulces que estaba siempre buscando ese sentimiento, aunque no podía darle un nombre.
Las enseñanzas de los misioneros se entrelazaban perfectamente con mi entendimiento. Estas enseñanzas estaban respondiendo a mis preguntas acerca de de dónde venimos, por qué estamos aquí y adónde iremos después de esta vida.
Como he escrito en algún otro lugar, cuando los misioneros me mostraron la filmina de la Primera Visión del Profeta José Smith, fue difícil para mí contener las lágrimas. Sentí que esa historia de su búsqueda por la verdad era en alguna forma similar a la mía. Mi búsqueda había durado más, mientras que la suya había sido probablemente más intensa. Es más, él había sido escogido para tener la gloriosa visión del Padre y el Hijo mientras que yo había tenido que contentarme con dos misioneros. Sin embargo, aquellos dos misioneros fueron como ángeles para mí, trayendo consigo las respuestas a las preguntas más profundas de mi corazón.
No obstante, a pesar de todos estos sentimientos, todavía no tenía un testimonio sólido. Fue la lectura del Libro de Mormón que me trajo la confirmación de la veracidad de todas aquellas enseñanzas y experiencias.
Al principio de nuestras charlas, los misioneros mencionaron la práctica de ayunar. Ellos no resaltaron mucho ese punto, pero por alguna razón empecé a leer el Libro de Mormón mientras ayunaba al mismo tiempo. Mi experiencia posterior al enseñar familias y personas con otros misioneros me mostró que no era fácil encontrar a alguien que acepte el desafío de ayunar mientras lee el Libro de Mormón. Sin embargo, aquellas experiencias también me convencieron de que cuando la gente lo hace, y son sinceros en su investigación, es casi imposible que no reciban una respuesta. Y, de hecho, eso sucedió conmigo.
En menos de una semana, leí el Libro de Mormón por completo. Ayunaba por 24 horas, luego almorzaba y luego ayunaba por otras 24 horas. Mi madre realmente pensó que estaba actuando de manera extraña. En algún punto de ese proceso, decidí arrodillarme y preguntar si aquellas cosas que estaba aprendiendo eran verdaderas. Lo hice, y después de mi oración, me rodeó un increíble sentimiento de paz, un sentimiento similar al que había tenía justo antes de que los misioneros llegaran a mi hogar, pero mucho más fuerte. Junto con aquellos sentimientos vinieron las respuestas a mis preguntas específicas acerca de la veracidad del Libro de Mormón, del Profeta José Smith y de la Iglesia. Recibí una confirmación por el Espíritu de Dios de que todo lo que los misioneros me estaban enseñando era verdadero. Desde ese momento, para parafrasear las palabras del Profeta José Smith: “Tenía un testimonio; lo sabía, y sabía que Dios lo sabía, y no podía negarlo, ni deseaba hacerlo”.
Sabía que la Iglesia y el Libro de Mormón eran verdaderos y estaba deseoso de aprender todo lo que fuera posible acerca de la Iglesia. Sin embargo, mi madre no estaba nada feliz con mi nuevo “descubrimiento” y, aunque los misioneros trataron de enseñarle, el día que ellos nos desafiaron a ser bautizados, quedó claro que ella no estaba interesada como yo lo estaba. Su oposición creó algunos problemas que causaron que finalmente dejara mi hogar.
Sin embargo, había encontrado finalmente lo que había estado buscando por muchos años y esto era lo que realmente importaba. Han pasado más de 20 años desde ese día y he tenido muchas experiencias que reforzaron ese testimonio inicial.
Por lo tanto, ¿por qué creo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días? Simplemente porque sé que es verdadera. El Espíritu del Señor me lo testificó una y otra vez después de esta primera experiencia. No creo lo que creo porque la Iglesia sea una organización maravillosa, no creo porque tengo amigos, no creo porque la doctrina es clara, entendible y contundente, no creo porque alguien me dijo que crea, sino que creo porque, en efecto, yo sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera.
Después de todo lo que podamos decir y hacer, cada persona tendrá que investigar y preguntar honestamente y recibir una respuesta directamente de Dios acerca de la veracidad del Libro de Mormón, del Profeta José Smith y de la Iglesia. Investigué, pedí y recibí mi respuesta, y por lo tanto puedo decir honestamente que yo sé que estas cosas son verdaderas.