Ago

31

El Profeta Gordon B. Hinckley (ya fallecido) testifica de Jesucristo desde la hermosa ciudad de Jerusalén. El une su testimonio al de los Apóstoles y nos invita a escucharles testificar acerca de Jesucristo nuestro Salvador.

El Élder Neal A. Maxwell (ya fallecido) nos dice cómo utilizar la fe. Él habla de la vida premortal de Jesucristo, y testifica que Él es el Señor del universo. Nos invita a seguirle.

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Ago

21

Me maravillan los diversos orígenes de los miembros de la Iglesia (Mormona); provenimos de diferentes grupos sociales, económicos y étnicos, de diferentes culturas, idiomas, circunstancias políticas y tradiciones religiosas.

Elder Dieter F. Uchtdorf

Ese gran número de experiencias de la vida me han hecho reflexionar sobre el mensaje de uno de nuestros himnos: “La fe de nuestros padres”…

La fe de nuestros padres… me encanta esa frase.

A muchos miembros de la Iglesia (Mormona), esas palabras les hacen pensar en los pioneros valientes que abandonaron la comodidad de su hogar y viajaron en carromatos y a pie hasta llegar al valle del Gran Lago Salado. Siento amor y respeto por la fe y el valor de aquellos primeros pioneros de la Iglesia. Mis antepasados vivían en aquella época del otro lado del océano; ninguno estuvo entre los que vivieron en Nauvoo ni en Winter Quarters, y ninguno hizo la jornada a través de las llanuras, pero como miembro de la Iglesia, hago mío ese legado pionero con orgullo y gratitud.

Con el mismo gozo, hago míos los legados de los pioneros de la Iglesia en nuestros días que viven en todas las naciones y cuyas historias de perseverancia, fe y sacrificio agregan nuevos versos gloriosos al gran coro de este himno de los últimos días en el reino de Dios.

Cuando mi propia familia reflexiona sobre “la fe de nuestros padres”, por lo general se piensa en la fe luterana que durante generaciones practicaron nuestros antepasados. De hecho, mi hijo descubrió hace poco que una de nuestras líneas familiares llega hasta el mismo Martín Lutero.

Honramos y respetamos a las almas sinceras de todas las religiones que hayan amado a Dios, sea donde sea o en la época que hayan vivido o vivan, aun cuando no tuvieran la plenitud del Evangelio. Elevamos nuestra voz con gratitud por su abnegación y valor, y los abrazamos como hermanos y hermanas, hijos de nuestro Padre Celestial.

Creemos que es un derecho fundamental del ser humano “adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen”4.

Al florecer por toda la tierra la Iglesia restaurada de Jesucristo, que ahora tiene más de trece millones de miembros, el significado de la frase “la fe de nuestros padres” se ha expandido. En algunos casos, tal vez se refiera a su legado religioso de una de cientos de religiones cristianas; en otros, podría referirse a las tradiciones del Medio Oriente, Asia o África.

He pasado la mayor parte de mi vida en regiones donde los miembros de nuestra Iglesia eran minoría. En ese tiempo he aprendido que con frecuencia, cuando las personas oyen hablar del Evangelio restaurado, les impresiona y muchas incluso quieren unirse a la Iglesia; pero vacilan por el temor de decepcionar a sus antepasados y porque piensan que deben ser fieles a la fe de sus padres.

Recuerdo que cuando era muchacho, un domingo noté a una familia nueva en nuestro centro de reuniones: a una joven madre con dos hijas. No pasó mucho tiempo antes de que se bautizaran y fueran miembros de la Iglesia.

Conozco de cerca la historia de su conversión, porque el nombre de la hija mayor era Harriet, la que después llegó a ser mi esposa.

Carmen, la madre de Harriet, había quedado viuda hacía poco y, durante un período de introspección, se interesó en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Después de estudiar la doctrina, Carmen y sus hijas supieron que la Iglesia era verdadera e hicieron planes para bautizarse.

Sin embargo, cuando Carmen le contó a su madre la decisión que había tomado, ésta quedó desconsolada. “¿Cómo puedes ser tan infiel a la fe de tus padres?”, le preguntó.

Su madre no fue la única en poner objeciones: Lisa, la hermana de Carmen, que tenía un carácter fuerte, se quedó muy perturbada con la noticia; tal vez perturbada sea una palabra demasiado suave: estaba furiosa.

Lisa dijo que iba a buscar a aquellos jóvenes misioneros y a decirles lo equivocados que estaban; así que se encaminó decididamente a la capilla, encontró a los misioneros y, como ya se imaginan, ella también se bautizó….

Entonces, ¿cuál es la fe de nuestros padres? ¿Es la religión de nuestros padres, abuelos o bisabuelos?

Pero ¿y qué de la fe de los antiguos que los precedieron? ¿Abraham, Isaac y Jacob? ¿No son ellos nuestros padres también? ¿No somos de la casa de Israel? ¿Y qué de Noé y Enoc, y de nuestros primeros padres, Adán y Eva?

¿Y qué del Salvador y de los discípulos que lo siguieron?

La fe de nuestro Padre Celestial ha sido constante desde el principio de los tiempos, aun antes de la fundación de este mundo. Juan el Revelador describió la gran batalla que hubo en los cielos; el asunto en cuestión era el albedrío moral, tal como lo es ahora. Todos los que han vivido y viven en la tierra estuvimos entre los que enfrentamos a Satanás y permanecimos con el Padre y el Hijo. Por lo tanto, ¿no debemos nuestra lealtad a Dios nuestro Padre Celestial?

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo “creemos en Dios, el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”. Y “creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio”. Creemos en el gran plan de la felicidad, el plan de redención, el plan de salvación, por el cual los hijos de Dios puedan pasar por la condición mortal y regresar a la presencia del Padre, un plan misericordioso establecido desde antes de la fundación de esta tierra.

¡Éste es el plan y la fe de nuestro Padre!

Testifico que la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo es la fe de nuestro Padre Celestial. Es Su verdad revelada a Sus siervos los profetas desde los días de nuestro padre Adán hasta el presente. El Padre y el Hijo aparecieron ante José Smith para restaurar la fe de nuestro Padre en esta tierra, para que nunca más fuera quitada de ella. Dios desea que todos Sus hijos la reciban, sean cuales sean sus orígenes, su cultura o tradición. La religión verdadera no debe originarse en lo que complace al hombre o en lo que se ajusta a las tradiciones de los antepasados, sino más bien en lo que complace a Dios, nuestro Padre Eterno.

La revelación continua es un rasgo fundamental de esta fe; la primera oración de José Smith es un poderoso testimonio de ello. La revelación es una constante guía que nos mantiene siempre fieles a la voluntad y a la fe de nuestro Padre Celestial.

Él ama a Sus hijos, y escucha las oraciones de los humildes y sinceros de toda nación, lengua y pueblo. Él concede luz a quienes lo buscan y honran, y están dispuestos a obedecer Sus mandamientos. Proclamamos con regocijo que la fe de nuestro Padre está en la tierra actualmente.

Invitamos a todos los de este hermoso planeta a gustar de Su doctrina y averiguar si no es dulce, buena y preciosa. Pedimos a los de corazón sincero que averigüen cuál es la doctrina y pregunten a su Padre Celestial si es verdadera o no; y al hacerlo, todos pueden descubrir la fe de su Padre, abrazarla y andar en ella, una fe que los salvará8.

Ese es nuestro mensaje al mundo. (Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)

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Ago

6

Muchas personas han visto misioneros Mormones. Ellos a menudo sobresalen dondequiera que andan, pues son jovenes, pelo corto, en trajes oscuros, camisas blancas, corbatas , andan de dos en dos y llevan chapas con su nombre. No es sorpresa que muchas personas los han visto, porque la Iglesia de Jesucristo SUD tiene quizás el programa más activo misional de cualquier iglesia del mundo. En el 2004 había 56.000 misioneros por todo el mundo, la tercera parte de ellos son jóvenes.

Desde sus inicios, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días o Iglesia Mormona como se le llama con frecuencia, ha sido una iglesia de proselitismo, mandando misioneros a todas partes del mundo. El Trabajo Misional es comentado constantemente en las congregaciones Mormonas ya que instan a sus miembros a compartir el Evangelio con sus amigos y vecinos.

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Ago

6

José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús” (D. y C. 135:3).

Prophet Joseph Smith

Prophet Joseph Smith

Esta asombrosa declaración describe a un hombre que fue llamado por Dios a la edad de catorce años y que vivió sólo hasta los treinta y ocho. Hubo sucesos maravillosos que ocurrieron entre el nacimiento de José Smith en Vermont, en diciembre de 1805, y su trágica muerte en Illinois, en junio de 1844. Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, se aparecieron ante él, enseñándole sobre la naturaleza de Dios mucho más de lo que se había sabido durante siglos.

Profetas y apóstoles de la antigüedad le confirieron el sagrado poder del sacerdocio, convirtiéndolo en un nuevo testigo autorizado de Dios en esta última dispensación. Por medio del Profeta, se reveló un incomparable torrente de conocimiento y de doctrina, incluso el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Mediante él, se organizó una vez más en la tierra la verdadera Iglesia del Señor.

Actualmente, la obra que comenzó con José Smith sigue adelante por todo el mundo. El presidente Wilford Woodruff testificó lo siguiente del profeta José Smith: “…era un profeta de Dios y…puso los cimientos de la obra y dispensación más grandes de todas las que han sido establecidas en la tierra”

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